El Fantasma de Telemundo

Desde hace muchos años, existe una leyenda urbana relacionada al mundo de la televisión. Hay quienes aseguran haber presenciado la aparición fantasmal de don Ángel Ramos, fundador de Telemundo quien falleció en el año 1960.

Don Ángel fue un gran visionario y muchos aún lamentan su repentino fallecimiento ya que nunca pudo ver finalizado su más grande sueño, el edificio Hato Rey que fue inaugurado más tarde en abril del año 1968.


Aparición en edificio Hato Rey

No solo empleados del edificio Hato Rey lo han visto, también artistas y contratistas que han estado en las dependencias de Telemundo, aseguran haber mantenido conversaciones con un extraño hombre maduro que viste un traje de color gris perla, sin saber de quién se trataba.

Un grupo de contratistas, encargados de la limpieza de los ductos de aire acondicionado, cuentan que una noche se encontraban realizando sus labores de mantenimiento en el tercer piso. Cuando repentinamente apareció un ejecutivo que caminaba por los pasillos y uno de ellos le señaló que tuviera cuidado con el piso, ya que se encontraba húmedo. Pero el hombre prosiguió su camino como si no le importara.

La sorpresa fue enorme, cuando más tarde, tras comentarle al guardia de seguridad la anécdota, éste último les dice que a esa hora no se encontraba ningún ejecutivo en el edificio, a lo que uno de los empleados le responde, pero es el mismo hombre que está retratado en el cuadro, mientras señalaba el lobby.

Cuando el oficial le dice que ese hombre corresponde a Don Ángel Ramos, quien había fallecido hace muchos años, el contratista salió corriendo por la puerta de salida y nunca más quiso volver.

Aparición en Fundación Ángel Ramos

La madre de una prestigiosa periodista cuenta que una mañana se dirigió a la suite 302 del edificio de la fundación Ángel Ramos, a llevarle la comida a su hija.

Tras conversar un rato con ella, se retiró de la habitación y se dirigió a la zona del elevador. Fue entonces cuando comenzó a escuchar los pasos de alguien. Volteo su mirada y vio a un hombre maduro, muy elegante con un traje gris perla y una corbata blanca con lágrimas azules.

Él le sonrió y con la mano le cedió el paso. La mujer tocó el botón para descender a la planta baja y el elevador desciende.

Al llegar al hall, antes de que la puerta se abriera, la mujer quedó espantada al ver que aquel hombre se encontraba levitando a unos treinta centímetros del suelo, mientras aquel hombre del traje gris le sonreía.

La pobre mujer escapó a toda carrera entre gritos. Cuando el guardia de seguridad entró al elevador, no encontró a nadie.

La mujer reconoció al hombre por uno de los cuadros que colgaban del muro y el guardia le respondió: "Este señor fue don Ángel Ramos y lleva muerto ya unos treinta años"

Aparición en edificio El Mundo Broadcasting Corp.

En su primer día como guardia de seguridad en el edificio de El Mundo Broadcasting Corp.
Cuenta que subió al tercer piso con el propósito de soltar unos paquetes en el almacén, cuando sintió un ruido que llamó su atención.

El lugar se encontraba a oscuras, así que el guardia alzó la voz y preguntó si había alguien en la habitación, pero aparentemente no había nadie allí.

Los ruidos continuaron, y éste volvió a preguntar, pero nuevamente no obtuvo respuesta alguna. Salió de la habitación y caminó por el pasillo en dirección al ascensor, fue ahí donde escuchó unos pasos dando cuenta de que alguien lo estaba siguiendo.

Rápidamente entró al ascensor y pulsó el botón del hall, pero la puerta no se cerró. Intentó varias veces pero este seguía sin funcionar.

Fue cuando vio llegar a una figura, era la de un hombre y se situó cercano a la puerta y lo miró fijamente. Sonreía, vestía un traje gris de color perla y una corbata blanca con lágrimas azules y un pañuelo blanco El guardia espantado, abandonó el ascensor y corrió escaleras abajo.

Posteriormente, el guardia reconoció al hombre sonriente como don Ángel Ramos, el hombre del cuadro.

Cuando el personal de seguridad acudió al ascensor, éste funcionaba perfectamente y en aquella almacén no se encontraba absolutamente nadie.