El invunche



El Invunche es una criatura antropófaga, creada a partir de un infante, que según la leyenda, el niño correspondería al hijo primogénito que habría sido arrancado de los brazos de su madre, para finalmente someterlo a un oscuro ritual de transformación donde se le aplicarían diversos ungüentos que le permitirían al brujo modificar el cuerpo del pequeño, quebrándole una pierna para luego torcérsela por detrás de la espalda hasta la nuca y tanto sus brazos como sus dedos eran torcidos para darle algo de movilidad.



El pequeño bebé deforme, es alimentado durante sus primeros meses con leche de gata negra, para luego ser sometido a su transformación final donde su rostro era modificado de tal manera que perdiera cualquier rastro de humanidad, como por ejemplo, le doblaban su cabeza hacia atrás, su nariz, labios y orejas eran desfiguradas. Luego de eso, le cortaban la lengua en dos como a una serpiente para finalmente agregarle una poción que le hacía crecer un grueso y duro pelaje, dándole un aspecto mucho más aberrante.

Luego de que el niño se transformaba completamente en ese macabro ser, era alimentado sólo con carne humana extraída de los cementerios. O bien, cuando se le presentaba la oportunidad, cazaba a algún curioso que osaba acercarse a la cueva que vigilaba celosamente.

El invunche perdía la capacidad de hablar y solo se limitaba a emitir sonidos guturales, ásperos y desagradables para quienes aseguran haberlo escuchado.

Según la leyenda, estos seres fueron creados por los brujos para ser usados como guardianes protectores de las cuevas, donde éstos realizan sus cónclaves y atesoraban sus riquezas.



Otra utilidad muy beneficiosa para los brujos sería la de ser usado como instrumento para llevar a cabo sus venganzas o maleficios. Para esto, los brujos llevaban al invunche al lugar requerido a punta de azotes, que durante el trayecto, la malograda bestia, iba dando horrendos alaridos que aterrorizaban a todo aquel que lo escuchara, ya que como es sabido, éste les anunciaba la llegada de una próxima desgracia sobre la localidad.


Una vez que el invunche envejecía, el brujo lo sacrificaba implacablemente, rasgando su carne para posteriormente secarla y repartirla con los demás brujos. Su grasa y huesos eran extraídas como la de un animal cualquiera, los cuales eran utilizados para la elaboración de medicina muy efectiva para longevidad y combatir los problemas reumáticos.

Una vez finalizado el proceso, el brujo seleccionaba a un nuevo bebé para ser raptado e iniciar el proceso de conversión una vez más.